IDENTIDAD LAICA CISTERCIENSE
Síntesis final extraída de
las tres síntesis previas, fruto de las aportaciones de las comunidades
laicas cistercienses Anglófonas, Francófonas, e Hispano parlantes, que ha
sido concluida en el Encuentro Internacional de Santa Maria de Huerta,
(España), el 6 de Junio de 2008.
1. Vocación Laica Cisterciense
1.1 De forma individual se
reconoce como una llamada personal que se experimenta comunitariamente como
un don de Dios. Lo definimos como una llamada a ser testigos activos de
Cristo y de su Iglesia, en medio del mundo, dando un testimonio orante y
contemplativo en una vida definida por los valores propios del carisma
cisterciense, guiada por la Regla de San Benito como una forma concreta de
interpretar el Evangelio, así como por nuestros Padres y Madres
cistercienses. Es un camino de conversión continua que nos conduce a
re-descubrir y a profundizar en la gracia de nuestro bautismo y que nos
ayuda a desarrollar una fe adulta.
2. Vida Laica Cisterciense
2.1. Creemos que la
espiritualidad cisterciense es posible adaptarla a la vida de un laico, si
bien queda muy claro que son dos formas distintas de vivirlo, monástica y
laica, ambas son complementarias. Ello pone de manifiesto la vitalidad de la
vida monástica. Los laicos hemos encontrado en la espiritualidad
cisterciense un modo de vivir en el mundo con mayor entrega y profundidad
espiritual. Todos afirmamos que el carisma cisterciense puede ser vivido
fuera del monasterio.
2.2. Hay gran diversidad en las prácticas de la vida laica cisterciense,
pero sin bien las formas pueden ser diversas, se utilizan los mismos medios
para un único fin: la búsqueda de Dios.
2.3. Todos los valores y las prácticas cistercienses son un camino de
liberación y un medio de conversión interior, y pueden ser incorporados a la
vida de los laicos:
- Oración y alabanza
- Confianza y el abandono en Dios
- Humildad
- Obediencia
- Pobreza
- Castidad
- Austeridad
- Simplicidad de vida
- Equilibrio de vida
- Silencio y soledad
- Trabajo
- Hospitalidad y
servicio
- Estabilidad
- Sencillez
- Alegría
2.4. Esta unificación
interior, este camino de conversión, y este deseo de encarnación, nacen y se
realizan en la elección de "no anteponer nada al amor de Cristo" (RB 72)
viviendo en el mundo sin ser del mundo (Cf. Juan 17, 9-16).
2.5. Es una experiencia de transformación, tanto interior como exterior (conversatio
morum), que se manifiesta en la frecuencia de los sacramentos, teniendo como
centro la Eucaristía; el estudio orante de las Escrituras por la Lectio
Divina; la fidelidad al Oficio Divino; la devoción filial a la Virgen María;
la acogida al hermano y la hermana; un cambio de prioridades; una nueva
forma de ordenar el día; una nueva forma de amar desde el amor de Dios; el
deseo de formación y la necesidad de ser guiado espiritualmente;
experimentar el trabajo como colaboración en la construcción del Reino de
Dios sin que el objetivo sea nuestro enriquecimiento personal.
2.6. La dimensión cenobítica de nuestra vida laica cisterciense halla su
expresión en la unión espiritual que experimentamos con todos los miembros
de nuestra comunidad, tanto laica como monástica, por una vida más ascética
y que nos lleva a estar unidos en la oración, el trabajo y la liturgia,
aunque estemos separados físicamente.
2.7. Nuestra misión en cuanto Laicos Cistercienses se concreta en una vida
testimonial, independientemente de que estemos implicados o no en diversas
acciones apostólicas y sociales. El punto fundamental de nuestra vida laica
cisterciense es encontrar el equilibrio entre los tiempos de oración y de
acción.
3. Comunidad Laica Cisterciense
3.1. La experiencia de
comunidad se expresa como el nacimiento de una nueva familia en la que se
recibe ayuda y fortaleza para vivir con esperanza y sin miedo el compromiso
cristiano. Experimentamos que orar juntos crea comunión y ello nos une en la
distancia y nos fortalece. También constatamos que el mayor vínculo es haber
sido unidos por el Espíritu Santo en una misma búsqueda: la búsqueda de
Dios, y en consecuencia la comunidad es un enriquecimiento personal por la
transmisión de valores entre todos sus miembros. Nuestra experiencia de
comunidad nos hace sentir Cuerpo de Cristo. Sentir la necesidad de los otros
alienta nuestra caridad y nos enseña humildad. La comunidad es un
instrumento puesto por Dios para nuestra santificación.
3.2. Para la gran mayoría de nuestras comunidades es fundamental formalizar
con algún tipo de compromiso personal de cada miembro ante la comunidad
laica y monástica, como deseo y decisión que nos lleva a responder ante Dios
a su llamada a esta vocación laica cisterciense.
3.3. Hay gran diversidad en la forma de organizar nuestras comunidades
laicas. Se puede decir que algunas son más reacias a crear estructuras.
4. Vínculo con el Monasterio y con la Familia cisterciense
4.1. La comunidad
monástica es la heredera del carisma cisterciense en su forma actual. Las
Comunidades Laicas Cistercienses, por su comunión con una comunidad
monástica, reciben luz y formación por medio de los monjes y monjas, pero
hay divergencia en lo que concierne a los vínculos concretos que nos unen y
en la forma de describir estos lazos.
4.2. Sentimos las comunidades, monástica y laica, como una sola familia con
distinta expresión de vida, pero todos tenemos muy clara la diferencia entre
un laico/a y un monje/a.
4.3. Para todos los grupos, es la comunidad monástica, representada por el
Abad o Abadesa, quien reconoce en ellos el carisma y les confiere su
pertenencia a la familia cisterciense según la naturaleza de los lazos que
les unan.
4.4. Es común a todas las comunidades y a todos sus miembros sentir el
monasterio como nuestra casa y el lugar concreto donde el Señor une de una
forma especial a ambas comunidades, laica y monástica, y a todos sus
miembros entre sí. La hospitalidad de los monjes y monjas hace presente el
Amor de Dios.
4.5. El hecho de ser Laicos Cistercienses no nos confiere privilegios en
nuestra relación con la comunidad monástica sino que nos hace conscientes de
nuestros deberes y responsabilidades.
4.6. Nuestras comunidades laicas tienen, con distintas frecuencias, sus
Encuentros en el monasterio, en donde recibimos formación y aprendemos a
amarnos unos a otros, en una nueva forma de relacionarnos centrada en
Cristo, en la que todos los miembros hemos sido escogidos y llamados por
Dios
4.7. Monjes - monjas, y laicos - laicas, aprendemos unos de otros la vida
fraterna perseverando juntos en el camino de la santidad.
4.8. Muchos miembros de las comunidades laicas acudimos al monasterio de
forma individual. Pero todos estamos de acuerdo en afirmar que para ser
laico cisterciense no basta con sentirse atraído por un monasterio, sino que
es necesario formar parte de la comunidad de laicos.
5. Epilogo
5.1. Creemos que las
comunidades laicas cistercienses son obra del Espíritu Santo, pues sin casi
haber comunicación entre unas y otras, su modo de vivir y sentir el carisma
laico cisterciense está en total comunión entre todas ellas. Todos estamos
de acuerdo en afirmar que en el laicado cisterciense, el carisma
cisterciense, que durante novecientos años ha sido exclusivamente monástico,
ha encontrado, por la gracia de Dios, una nueva forma de expresión,.
5.2. En todas las Comunidades laicas existe el deseo de respetar y mantener
la diversidad en aquellas cosas que no rompen la comunión. Vivir un mismo
carisma con diversidad de expresiones unidas en lo esencial.
Llamados y transformados por Cristo
¡María! ¡Rabunni!
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