San Pedro de Cardeña - Burgos -

 

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15/01/2012

 

 

Comentando  la  Palabra

 

     Homilías y otros textos

                   de nuestro Superior

                           Dom Roberto de la Iglesia

   

29 de Mayo de 2011

VI DOMINGO DE PASCUA

CELEBRACIÓN COMUNITARIA DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE ENFERMOS

Celebramos hoy, en el sexto domingo de Pascua, la llamada Pascua del enfermo y con esta ocasión van a recibir la Unción de los enfermos varios hermanos de comunidad y varios huéspedes que la han pedido.
Este domingo nos hablaba el evangelio del envío del Espíritu Santo y eso es precisamente el sacramento de la Unción: el Espíritu Santo que se derrama en el corazón del anciano o enfermo y le ayuda a llevar su debilidad y a ser, por medio de esta debilidad, salvador del mundo. Por eso se imponen las manos sobre la cabeza del que va a ser ungido y se le unge con aceite, signo del don y de la unción interior del Espíritu Santo.
El sacramento de la Unción no es para la muerte sino para la Vida, por eso está muy bien celebrarlo en la Pascua de Cristo: él asumiendo nuestras enfermedades y dolores ha vencido a la muerte con su resurrección.
La enfermedad, la ancianidad y la misma muerte, es la prueba suprema de cualquier hombre, por eso el Padre nos ofrece su ayuda por medio del Espíritu Santo. Como a Cristo no nos libra de ello pero sí que lo hace fructificar en Vida y en Vida plena.
 

 

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28 de Mayo de 2011

ROMERÍA DE Ntra. Sra. DE LOS MÁRTIRES

Querida comunidad de hermanos, estimados párrocos y sacerdotes de los pueblos de la hermandad de Ntra. Sra. de los Mártires, autoridades civiles de dichos pueblos y vecinos y todos lo que os habéis querido sumar a la fiesta: ¡Bienvenidos!

1 – Hoy es un día de fiesta grande para todos nosotros y también para este antiguo monasterio de más de 1100 años de existencia que se alegra de poder recibir en su iglesia a los vecinos de los pueblos limítrofes. Gracias por venir a esta romería en honor de Nuestra Señora, ella nos acoge en sus brazos de madre y nos lleva hacia Dios, nuestro Padre. Es hermoso reunirse los hermanos cuando se quiere agasajar a una madre como hacemos nosotros hoy, seguro que ella nos mira complacidos y nos bendice. Repasando los estatutos de nuestra hermandad me di cuenta de que estaban firmados en el año 1987, por lo que, si mis matemáticas no fallan, el próximo año celebraremos las bodas de plata de nuestra romería.

2 - En este año que ha pasado desde nuestro último encuentro han sucedido bastantes cosas, unas buenas y otras no tanto, al menos desde nuestra mirada humana: todo el mundo habla de la crisis y de lo mal que va la economía del país, de la ruina del campo y de la ganadería, muchos lamentamos la pérdida de alguno de nuestros seres queridos (dejadme aquí recordar a nuestro difunto P. Abad: Dom Jesús Marrodán que con tanta devoción y aprecio celebraba esta fiesta con todos nosotros), otros se alegran por el nacimiento de un hijo o de un nieto, por la boda de un familiar… La vida sigue enviándonos la vida y la muerte, por eso es bueno pararse de vez en cuando y reconocer que estamos colgados de las manos bondadosas de Dios que es Padre y que ha querido que tengamos una madre en Nuestra Señora.

Hoy también bendeciremos nuestros campos que para muchos es o ha sido su medio principal de vida. Es bueno bendecir y encomendar a Dios nuestros sudores, nuestros esfuerzos y nuestras expectativas. Él las sabe colmar y llenar hasta el borde con una generosidad que deslumbra. No hace falta más que ver la frondosidad de los bosques y el verdor de los campos en estos últimos días del mes de mayo. Es un regalo para la vista y para el alma.

3 – Hoy celebramos de forma adelantada la Visitación de Nuestra Señora a su prima Sta. Isabel. Es una fiesta que nos habla de amor y de servicio. Toda nuestra vida, cuando es auténticamente cristiana, está orientada hacia el amor. Sólo el amor hace grande y fecunda nuestra existencia. Y sabemos que ese amor cristiano tiene dos dimensiones. La dimensión horizontal: amar a los hombres, nuestros hermanos. Y la dimensión vertical: amar a Dios, nuestro Señor.

Es fácil hablar de amor y de caridad, pero es difícil vivirlos, porque amar significa servir, y servir exige renunciar a sí mismo. Por eso, el Señor nos dio como imagen ideal a la Santísima Virgen. Ella es la gran servidora de Dios y, a la vez, de los hombres.

Cuando se entera de que su prima va a tener un hijo parte en seguida, a pesar del largo camino. Y se queda tres meses con ella, sirviéndole hasta el nacimiento de Juan Bautista. No se le ocurre sentirse superior. Y no busca pretextos por estar encinta y no poder arriesgar un viaje tan largo. Hace todo esto, porque sabe que en el Reino de Dios los primeros son los que saben convertirse en servidores de todos.

También nuestra propia vida cristiana debe formarse y desarrollarse en estas mismas dos dimensiones: el compromiso con los hermanos y el servicio a Dios. Y no se puede separar una dimensión de la otra. Por eso, cuanto más queremos comunicarnos con los hombres, tanto más debemos estar en comunión con Dios. Y cuanto más queremos acercarnos a Dios, tanto más debemos estar cerca de los hombres.

Así pues, celebremos esta eucaristía con amor, demos gracias a Dios por todos sus beneficios y amemos a todos como Él nos ama y como Nuestra Señora lo cumplió.

 

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7 de Mayo de 2011

ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN DE LA IGLESIA

Queridos hermanos:

1 - Estamos celebrando la fiesta del aniversario de la consagración de esta Iglesia, una fiesta que es totalmente nuestra no sólo porque esta es la iglesia de nuestro monasterio, sino también porque celebramos que en medio de nuestra comunidad habita Cristo, el Señor Resucitado. San Bernardo lo expresa bella y claramente en un sermón suyo en el aniversario de la dedicación de su iglesia de Claraval: “Esta es nuestra fiesta porque concierne a nuestra iglesia, y, aún más, porque se refiere a nosotros mismos. No os admire ni sonroje celebraros a vosotros mismos (…) ¿Qué santidad pueden tener estas piedras para rendirles homenaje? Si son santas lo son por vuestros cuerpos. Y no hay duda que vuestros cuerpos están santificados, porque sois templos del Espíritu Santo.” (Sermón 1 en la dedicación de la iglesia, 1). La liturgia nunca celebra instituciones ni menos edificaciones, la liturgia sólo celebra misterios, por eso lo que celebramos hoy es que Cristo, su cuerpo, su encarnación, es el Templo de Dios para nosotros y nosotros mismos somos templos de Dios, somos edificación de Dios. Este es en última instancia el misterio que hoy celebramos. 

2 – Pero aún podemos seguir afirmando que nos celebramos a nosotros mismos no individualmente considerados sino en cuanto comunidad. Hoy, decimos, es la fiesta de la comunidad, de la ecclesiola, de la iglesita de Cardeña. En verdad un monje cisterciense no tiene sentido alguno separado de su comunidad. La comunidad, por precaria que sea, es el medio donde Dios le espera y le hace santificar. Cada uno es espejo para el otro donde mirar a Dios e incluso verse a sí mismo, cada uno es ocasión para el otro de poner en práctica el mandamiento del amor. Nuestros Padres Cistercienses, siguiendo a San Basilio y a San Agustín, no tenían ningún aprecio por la vida eremítica precisamente por esto, porque sólo la comunidad te ayuda a superarte por medio de la obediencia, de la práctica de la caridad, de la humildad, de la tolerancia mutua y de la paciencia. Le oí alguna vez a nuestro anterior Abad General, Dom Bernardo que la oración del cenobita no debería ser: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”, sino más bien: “Que Cristo nos lleve a todos juntos a la vida eterna” (Regla de San Benito, 72, 12).

3 – “Así, pues, queridos hermanos, esta fiesta es vuestra y muy vuestra. Estáis consagrados a Dios, que os eligió y os ha tomado en propiedad (…) ¡Qué magnífico ha sido vuestro negocio hermanos! Habéis invertido todas vuestras riquezas del mundo para pasar al dominio del Creador (…) Razón tenemos, pues, para estar de fiesta en este día que nos tomó como suyos propios” (Sermón 1 en la dedicación de iglesia, 3)

 
 

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